El PORQUE del fondo... te interesa?

A partir del 2016, este blog pasó a formar parte de mi herramienta para mis escritos, lecturas e ideas.

Lo que el sitio te intenta decir, entre líneas y líneas, es que todas estas muertes están producidas solamente por los negocios, por el dinero, por la riqueza propia, por el egoísmo. Las personas somos egoistas, entre nosotras y para nosotras; y este egoismo esta perjudicando a todo un planeta.
Es hora de que comencemos a entender, que con esa actitud, con mas campañas, leyes y propuestas, mucho no se va a cambiar. Tenemos que empezar a ver con una cabeza positiva, y para eso tenemos que dejar de ensuciar nuestras manos con sangre de otros.
Espero que ahora si, puedan entender el fondo: atrás de todo, esta el dinero.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Los perros y los fuegos artificiales

El problema es bastante frecuente y no es sencillo de prevenir.
De forma natural, entre los estímulos que normalmente originan una reacción de miedo en los animales, están los peligros o riesgos físicos y/o ambientales; dentro de este grupo de estímulos podemos incluir los ruidos secos de elevada intensidad como los truenos, petardos, fuegos artificiales, etc.
Si, además de esta tendencia natural que tienen los animales a temer los ruidos fuertes, se dan otra serie de circunstancias como una falta de habituación a este tipo de ruidos, una predisposición individual especial, o una exposición a los petardos demasiado frecuente y/o a una intensidad muy elevada, que genere una experiencia muy negativa para el perro, tenemos los ingredientes necesarios para que se produzca la fobia.
Existen múltiples formas de respuesta en las fobias. Las más comunes incluyen:
- Intentos desesperados de escape (con daños a la propiedad en el caso de ocurrir en lugares cerrados) o de esconderse.
Fuegos artificiales.- Temblores evidentes.
- Vocalizaciones (lloros o gemidos).
- Eliminaciones (hacerse pis y/o caca encima) y expresión de las glándulas anales.
- Auto-mutilación.
Estas reacciones, además, van acompañadas normalmente de la postura típica de miedo (cuerpo agazapado contra el suelo, orejas hacia atrás, rabo caído o entre las patas y tensión corporal), así como de otras expresiones de la activación de los sistemas autonómico y neuroendocrino (taquicardia, salivación excesiva, pupilas dilatadas, jadeos, etc.)
Como ocurre con la mayoría de problemas de conducta en los animales de compañía, este es un problema que puede prevenirse, o al menos hacer que se presente con menos severidad, ya que como hemos visto antes existe una tendencia natural en los perros a temer este tipo de ruidos.
Para ello, hay dos aspectos básicos que se deben cuidar:
1. Socializar adecuadamente al animal desde cachorro hacia los petardos y ruidos similares. Hay que tener en cuenta que esto debe hacerse siempre de manera progresiva y positiva para el perro.
2. Evitar experiencias traumáticas severas que puedan desencadenar fobias "post-traumáticas". Es muy habitual en la época navideña que los niños (y los no tan niños) tiren petardos como manera de divertirse y desgraciadamente en esa diversión se incluya también a nuestro propio animal, a alguno conocido o simplemente a uno que pase por la calle. Pues bien, debemos saber que si el animal tiene aunque sea sólo una experiencia muy negativa con los petardos (especialmente cuando es cachorro), podemos generar una fobia que perdure durante el resto de la vida del animal y que sea muy difícil de corregir posteriormente.
Actualmente existen diferentes posibilidades de tratamiento que suelen combinar la utilización de medicación con la realización de ejercicios de modificación de conducta.
En cuanto a la medicación, los fármacos más usados en estos problemas son los tranquilizantes. Resultan muy útiles porque reducen la reacción de miedo del animal así como el estado de ansiedad asociado que presentan.
En cuanto a las terapias de modificación de conducta consisten básicamente en tratar de acostumbrar al perro de una manera progresiva y sistemática al sonido de los petardos. Esta técnica se conoce en el argot psicológico como desensibilización. Normalmente, a la vez que se realiza esta exposición progresiva al estímulo que provoca el miedo, se pide al animal que cumpla una orden (sentado y quieto o tumbado y quieto), recibiendo premios de comida o juego mientras que se comporta adecuadamente escuchando el sonido de los petardos a un volumen que no desencadena la reacción fóbica. A esta otra parte de la terapia se le denomina contracondicionamiento, por lo que en conjunto hablamos de una terapia de desensibilización y contracondicionamiento.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Pareja intenta ahogar a su perro

Una pareja fue captada por una cámara cuando repetidamente lanzaban a su perro al mar. John Nesbitt, de 62 años de edad, y Linda Jones, de 51 años de edad, lanzaron a su perro de raza terrier, de cuatro años de edad, al mar desde un muelle de Exmouth (Devon).




La pareja lanzó al perro al mar unas cuatro veces, según comentó James Clews, un testigo ocular que presenció los hechos y pudo capturar las imágenes.
Jones y Nesbitt fueron declarados culpables de un cargo de causar sufrimiento innecesario a un animal. La pareja afirmó que sólo estaban tratando de mantener a su animal de compañía fresco en un caluroso día de abril. Pero según un veterinario, el perro podría haber sufrido lesiones en la columna, las piernas y la mandíbula después de torcerse en el aire y sumergirse en el mar.


Por ello, los magistrados dijeron a la pareja que debían saber que con sus acciones podrían haber causado sufrimiento al perro. Por ello, se pide la suspensión de por vida de tener animales y una orden para privarlos del perro que tienen y que cruelmente lanzaron al mar.
El perro actualmente se encuentra en una perrera y la sentencia ha sido aplazada para el próximo mes.
Este es un caso similar al del hombre que lanzó a un cachorro al mar y fue rescatado en la zona de Xiamen.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Ser vegetariano incrementa la inteligencia


Según un estudio realizado en el Reino Unido y difundido por la BBC, ser vegetariano incrementa la inteligencia. El estudio revela que los hombres y mujeres que basan su dieta alimenticia en frutas y verduras mejoraron su puntuaje en los exámenes de inteligencia, señala dicha investigación.
Quizá un niño que desde pequeño come frutas y verduras, a futuro no tendrá problemas para añadirlos a su alimentación habitual. Incluso, se puede aventurar que cuando sean adultos, serán vegetarianos.
Pero el dato más interesante, de acuerdo con el estudio de la Universidad de Southampton, es que los vegetarianos incrementan su índice IQ en cinco puntos más, este indica que hace 20 años aplicaron el examen de inteligencia a 8 mil 179 menores.
Hoy, 366 de esos niños y niñas llevan una vida vegetariana y subieron sus números en las pruebas de inteligencia.Un centenar de hombres vegetarianos promediaron un IQ de 106 puntos, cinco puntos más de los que no lo son.
En el caso de las mujeres que también llevan esta dieta de legumbres, promediaron 104 puntos, en contraste de los 99 que dieron las que no son vegetarianas.
El estudio, también publicado en el British Medical Journal, añade que es el género femenino el que mayor adopta una vida vegetariana, tienen ocupaciones sociales altas y son altamente calificadas en sus estudios o en su vida laboral.
fuente BBC

miércoles, 2 de noviembre de 2011

"COMER ANIMALES" de Jonathan Safran Foer



Rara vez publico en este medio un contenido que no haya sido escrito por mi, pero en virtud de la calidad de los argumentos, la identificación que siento con los mismos, su relevancia y la nobleza de la causa tratada, hago la excepción. Esto lo tomé de el diario El Mercurio de Santiago (Chile) el 19 de junio de 2011.

"Comer animales" En su último libro, el autor disecciona la industria de la carne

JONATHAN SAFRAN FOER Y SU LUCHA CONTRA LAS FÁBRICAS DE ANIMALES


Criaturas saturadas de hormonas que las hacen crecer a diario 400 veces más rápido, pollos manipulados genéticamente que no pueden caminar, cerdos confinados en jaulas donde no pueden moverse y gallinas criadas en espacios del tamaño de una hoja de computador. La imagen que el libro "Comer animales" muestra de las granjas industriales de Estados Unidos es más la de fábricas de muerte que fábricas de alimentos. El famoso escritor Jonathan Safran Foer investigó la industria cárnica y no sólo decidió nunca más comer carne, sino que llevó este incómodo tema al debate público. 

Por Evelyn Erlij

En medio de la nada, en algún pueblito de la Ucrania rural, un extraño gringo veinteañero está en la mesa de una desierta posada en busca de comida. Lo acompañan Alex y un anciano, con quienes anda tras la pista de Trachimbrod, el lugar de donde emigró su abuelo. "Una cosa deberían saber... soy... cómo decirlo...", explica tímidamente el joven. "¿Un hambriento?", le pregunta Alex. "Soy vegetariano", le espeta a sus anfitriones. Así comienza una conversación de sordos marcada por la incomprensión de los comensales (y de la señora que atiende el restaurante, quien dice que sólo hay carne con papas y que las papas se sirven sólo con carne). El nombre del personaje que no come animales es Jonathan Safran Foer, el mismo del autor de esta novela, titulada "Todo está iluminado".

Luego de publicar dos libros de ficción, de gran éxito de crítica y ventas, el novelista estadounidense de 34 años se aventuró a escribir un híbrido entre ensayo y reportaje sobre un tema que lo perseguía desde su infancia: comer o no comer carne, una inquietud, que como se ha visto, había tratado en su novela debut. La decisión de meterse en un tópico tan incómodo surgió cuando, junto a su esposa, la escritora Nicole Krauss, decidieron tener un hijo.

Safran Foer quería saber con exactitud y concreción de dónde provenía la comida con la que alimentaría a su primogénito. Una pregunta que nadie quiere hacerse, y que de hecho se refleja en que algunos no quieran leer su libro por temor a convertirse en vegetarianos. El miedo a conocer el origen de los alimentos que pasan por nuestros estómagos; esa idea de suprimir la conciencia en favor del deseo de comer es lo que Safran Foer intenta combatir en "Comer animales".

El escritor pasó tres años investigando, entrevistando y realizando observaciones de campo en granjas industriales y familiares con el fin de conocer el proceso de producción de la carne y el negocio por dentro. No fue una decisión fácil. Así como él mismo optó por un menú carnívoro para su matrimonio y comió sushi en su luna de miel, todas sus historias de vida estaban ligadas a la comida: el pollo con zanahoria de su abuela, el guefilte fish (albóndigas de pescado) de Pésaj (pascua judía), el pavo del Día de Acción de Gracias.

"La comida es cultura, hábito e identidad", escribe el autor. "La ética de la alimentación es tan compleja porque la comida se relaciona tanto con las papilas gustativas como con el gusto, con biografías individuales y con la historia social". El hecho de comer o no comer animales nos afecta profundamente, dice Safran Foer, pues la carne "está vinculada con la historia de quienes somos y de quienes queremos ser, desde el libro del Génesis a la última factura del supermercado. Propone significativas cuestiones filosóficas y es una industria que factura más de 140 mil millones de dólares al año", dice el escritor.

Pero ese no es el punto más complicado, según explica: "La elección de los alimentos viene determinada por muchos factores, pero la razón (incluso la conciencia) no suele ocupar los primeros puestos de la lista". Esto, porque nadie asocia un jugoso bistec con el sufrimiento del ganado al que pertenece ese trozo de músculo, y menos aun considera que lo que meterá a su boca será, dicho sin rodeos, un pedazo de cadáver de animal.

Crear conciencia sobre la "carne torturada" que produce el sistema industrial ganadero es la meta de Safran Foer -de aquí que invierta más de la mitad del libro en describir los aterradores procedimientos de las granjas industriales-, pero es claro en afirmar que su libro no es una defensa a ultranza del vegetarianismo, a pesar de que es su opción de vida: hoy, su hijo de 5 años no come carne, como tampoco él y su esposa.

Pollos mutilados


Alimentarse o no de animales no es un tema nuevo. El término "vegetariano" data de 1842, aunque la práctica comenzó a popularizarse en los años 60, con el explosivo interés hacia los derechos humanos y animales, como también hacia las costumbres hinduistas, budistas y de otras corrientes espirituales que abrazan el vegetarianismo. Mucho se ha escrito sobre el tópico, desde "Liberación animal", publicado en 1975 por el filósofo Peter Singer -libro esencial de movimientos como Peta (Personas por el Trato Ético de los Animales)- hasta "El animal que luego estoy si(gui)endo" de Jacques Derrida.

También hay textos más recientes como "El dilema del omnívoro", de Michael Pollan, y el terrorífico "Fast Food Nation" del periodista Eric Schlosser, dos libros que sirvieron a Safran Foer en su investigación. Pero la novedad de "Comer animales" es que este popular novelista no sólo convierte el dilema de la carne en una narración por momentos literaria, sino además baja el tema desde la academia y el periodismo hacia una amplia población de lectores que, si no fuera por la atracción que causa su famosa pluma, no se acercarían a un libro sobre comer animales.

Las páginas del texto están atiborradas de datos duros. Entre ellos, se cuenta que el 99 por ciento de la carne que se come en Estados Unidos proviene de granjas industriales, un "sistema de ganadería industrializada e intensiva en el cual los animales -a menudo alojados por decenas o cientos de miles- son criados genéticamente, se encuentran restringidos en su movilidad y son alimentados a base de dietas antinaturales".

Si bien este mecanismo de producción ha bajado considerablemente el precio de la carne, sus costos "externos" en animales y en humanos han sido muy altos, algo que Safran Foer deja en claro con ejemplos extremadamente gráficos: desde pollos a los que se les mutila el pico para evitar el canibalismo provocado por el estrés del hacinamiento, hasta vacas que son desolladas, desangradas y descuartizadas vivas porque el método de aturdimiento falló, algo no tan poco común, según explica.

El ejemplo de la producción avícola es uno de los casos más crudos: "Antaño estas aves tenían una esperanza de vida de quince a veinte años, pero el típico pollo de hoy muere aproximadamente a las seis semanas", escribe el autor. Él mismo fue testigo de la miseria de una granja de pavos, en la que se infiltró con una activista, experiencia que comparó a la de un grupo de humanos que se queda encerrado en un ascensor -algunos se vuelven locos, otros mueren asfixiados, unos practican el canibalismo y otros no pisan el suelo por el hacinamiento- cuyas puertas se abren sólo al final de sus vidas.

La crueldad del sistema llega a niveles sádicos; de aquí que leer el libro se convierta a menudo en una pesadilla, aunque una pesadilla necesaria, cree el autor, sobre todo en un mundo en que se está consumiendo más carne que en cualquier otra época de la historia, al mismo tiempo que la obesidad va en alza (sólo Kentucky Fried Chicken compra al año casi mil millones de pollos). El problema para Safran Foer no es sólo que animales vivos están siendo tratados como si estuvieran muertos, sino además que existe una total negación de la realidad -por algo nadie quiere saber cómo funciona un matadero- y una ausencia de decisión (comer o no comer) cuando se consume carne.

Aquí cita a Derrida: "Nadie puede negar en serio (...) que los hombres hacemos lo que podemos con el fin de disimular esta crueldad [de la producción de carne] o de ocultarla ante nosotros mismos, con el fin de organizar el olvido de esta violencia a escala global". El secretismo de las granjas industriales es, para Safran Foer, la clave de su éxito: mientras la gente no sepa cómo se procesa a los animales, seguirá teniendo en mente la imagen inocente de las granjas al estilo de "La casa en la pradera" y no las industrias sangrientas que se asemejan más a la escenografía de "Blade Runner".

Kafka y los peces

El autor de "Comer animales" advierte que no es activista y que tampoco es un amante de los animales, pero aun así algunos críticos en Estados Unidos e Inglaterra lo han acusado de plantear argumentos "sentimentales" a la hora de convencer al público de no comer carne. En parte, porque pregunta al lector por qué una persona come un animal inteligente como el cerdo y no se come a su propio perro (en Filipinas es considerado "un manjar"). Pero también por su rechazo hacia el sufrimiento animal.

No obstante, no es el único escritor sensible frente al tema. Un caso célebre es el de Kafka, también vegetariano, quien cuando visitó el acuario de Berlín le dijo a los peces: "Ahora al menos puedo miraros en paz, ya no os como". Safran Foer dice al respecto: "los cuerpos de estos animales cargaban, en opinión de Kafka, con el peso del olvido de todas esas partes de nosotros que preferimos olvidar. Cuando deseamos expresar desaprobación por una parte de nuestra naturaleza, la llamamos 'naturaleza animal', y nos dedicamos a reprimirla u ocultarla".

A pesar de que el libro es muy decidor en cuanto a cifras -la industria ganadera es la culpable número uno del calentamiento global y contamina un 40 por ciento más que todo el sector del transporte junto-, "Comer animales" ha generado una gran controversia en los grandes países productores del Hemisferio Norte. Nadie cuestiona el efecto ambiental de la producción en masa de carne, pero se ha debatido mucho sobre las implicancias biológicas, morales y éticas del consumo de carne.

Jay Rayner, de "The Guardian", le reclama a Safran Foer no considerar que el consumo de proteínas animales permitió a nuestros ancestros erguirse en sus dos pies e incrementar su capacidad intelectual. En tanto, el escritor Frédéric Beigbeder, en Le Figaro, le respondió con 16 razones para comer carne. Algunas, irónicas: "porque ningún animal ha escrito 'Las flores del mal'", "porque comer animales es una metáfora de la simpática filosofía capitalista (comer y ser comido)". Otras, más serias: "porque comer animales nos recuerda nuestra fragilidad, violencia; la crueldad de la vida".

Safran Foer no espera necesariamente que dejemos de comer carne, sino que se cambien los mecanismos industriales grotescos por granjas humanas y éticas alejadas de la crueldad, muy escasas hoy en Estados Unidos. "¿Qué clase de mundo crearíamos si tres veces al día activáramos la compasión y la razón al sentarnos a comer, si tuviéramos la imaginación moral y la voluntad práctica de cambiar nuestras más elementales normas de consumo?", se pregunta el autor, quien sabe de antemano el efecto que tendrá su libro en el lector: "(Ya) no podemos alegar ignorancia, sólo indiferencia".

Comer carne es natural, ¿no?

Mucha gente le ha reclamado a Safran Foer -desde granjeros a periodistas- que ingerir animales es natural, que forma parte de la cadena alimenticia y que la naturaleza en sí es cruel, algo que el autor niega: "La naturaleza no es cruel. Ni tampoco lo son los animales que matan y a veces torturan a otros. La crueldad depende de que uno comprenda que está siendo cruel y de las posibilidades que tiene a su alcance para evitarla. O de que uno prefiera no verla", escribe el autor.

Sin embargo, la existencia de humanos carnívoros data de 2,5 millones de años atrás , lo que ha quedado demostrado en el descubrimiento de herramientas de piedra diseñadas para cortar carne y de huesos con marcas de cortes provocados por estos utensilios. Se cree que la ingesta de carne en nuestros antepasados habría comenzado como una forma de sobrevivir dentro de su propio nicho ecológico, según explica la periodista Hillary Mayell, de The National Geographic.

Una de las falencias de "Comer animales" es que el autor no ahonda en el tema de las proteínas animales -quizás porque dice no estar escribiendo un panfleto por el vegetarianismo-, de las que se sabe aportan nutrientes como hierro, vitamina B12 y proteínas , que tendrían cualidades diferentes a las de origen vegetal.

Según Craig B. Stanford, ecologista de la Universidad de Southern California y miembro de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, comer carne ha impactado la evolución del cuerpo humano , por ejemplo, gatillando un cambio genético que permitió que el ser humano tenga una mejor habilidad de procesar las grasas y el colesterol , aunque también ha provocado que la mandíbula se vuelva más pequeña y que, por ende, se creen ciertos problemas dentales.

FUENTE: El Mercurio (domingo 19 de junio de 2011)